sábado, 25 de marzo de 2017

CADENAS

Ya me has "dejao" 
ya me has "dejao" 
Hiciste bien. 
Es imposible soportar 
a un pequeño anarquista 
"encadenao" 


Poema del libro de Manolillo Chinato (Puerto de Béjar, 31 de dic. de 1952), página. 58, titulado "Amor, Rebeldía, Libertad y Sangre".

martes, 16 de agosto de 2016

Esa loca sensación la cual nos invade en cuerpo y alma, y nos hace olvidar lo mierda que es el mundo, las personas, las cosas... ese sentimiento del cual no se necesita de diez años, o tan sólo un par de meses, puesto que si éste es real, tangible, mientras dos sonrisas se conecten, las miradas hablen, y los pensamientos se encuentren, perdurará cual roble duro de quebrar, el cual con cada día, y mes que pasan cimienta con mayor fuerza sus raíces sobre la tierra, no importa lo seca que esté, ni las tempestades que estén por venir, puesto que eso es, ni más ni menos; respeto, cariño, el cuidarse, protegerse, promoverse, apoyarse, ser compañeros, amantes, confidentes, niños, adultos, animales... así y todo hay gentes, mentes y almas que necesitan de caerse varias veces con la misma piedra, para entender finalmente que aquello es lo que les detiene su andar, y no les permite seguir, crecer, ver, vivir y amar en libertad; y las hay, por el contrario, otras que la vida ya les ha enseñado, a palos qué es lo que se debe conservar y atesorar, y qué es lo que ha de enterrarse bajo tierra, para que no les nuble el camino ni envenene sus pensamientos.



Sabio es el tiempo, así tambien las coincidencias.




"Es al separarse cuando se siente y se comprende la fuerza con que se ama." Fiódor Mijáilovich Dostoievski

jueves, 13 de febrero de 2014

Otra calle vacía



Por el verano de esos años todo era lento, las personas deambulaban perdiendo el tiempo, las ansias de trabajo y la cesantía estabas altísimas. Los perros tiñosos seguían a los drogadictos que buscaban otra dosis.

El aire se tornaba irrespirable a ratos, el sol hacía formarse a lo lejos verdaderos espejos, casi como cuadro de desierto. A momentos se escuchaban las radios cercanas, con los noticieros del momento y música de algún país extranjero con una ranchera bastante mal tocada.

Y allí estaba yo, bueno, nosotros, dos, charlando de cosas que poco importan para el común de la sociedad, el tiempo pasaba a pasos de caracol, cuando nos quedabamos mirando el uno al otro, y de cuando en cuando nos envolvíamos en conversaciones sin fin, sin inicio, todo era tan interesante, los colores, los animales, los cuadros, el arte, la música, la poesía, el alcohol nunca se apareció en mi imaginación, menos las drogas, bueno, antes rara vez cuando los colegas llegaban festejando a mi puerta, pero esta vez todo era pulcro.

Ella era especial, no por su aspecto físico, un poco a mal traer, ni por su sonrisa que me decía que algo malo había ocurrido tiempo atrás. No, nada de eso. Nuestro conocimiento era totalmente distinto, yo, amante de literatura rusa, americana, de Bukowski o Dostoievski, contra su gusto por las novelas de las tardes, por reír por cualquier cosa, era el cientificismo contra el dejarse llevar. Mala mezcla, nunca predije que algo no iría bien. Pero por primera vez sentí eso que los humanos llaman cariño, o amor, sepa qué es, o como definirlo.


Pronto pasó el tiempo, llegó el otoño, sus hojas se tranformaron en crujientes galletas las que pisoteábamos como niños preescolares, nada había cambiado, la fuerza de aquello indescriptible que nos unía parecía estar ahí, como una vela que nunca se apaga, como barco sin destino el que navega solo por los siete mares. Y allí seguía nuestra callecita, unas cuanta personas murieron en el intertanto, varios animales se perdieron por cambiarse de “casa”, un par de drogadictos murieron por la angustia propia de su vicio, y allí seguíamos nosotros, mirándonos fijamente, suspirando y haciendo planes como locos de película, los que no tienen interés por nada más, sólo un techo, un perro y un hijo. Y la misma calle que nos vio darnos el primer beso, ahora era testigo de lo que vendría en camino.

Las cosas siguieron su curso natural, las personas casi me agradaban, casi me sentía parte de la sociedad, ¿estaba yo cumpliendo con mi función social, más hermosa para los literatos y revistas de kioskos? ¿o estaba siendo víctima de ese sentimiento tan difamado y entrometido el que llaman amor? Ni el Dalai Lama podría ser capaz de explicármelo.

Para mí solo era lo cual llamaré “embobamiento”, nada más importaba, incluso llegué a creer en el destino, en el futuro y en todo cuanto me contaban las ancianas del asilo de mi abuela, las que oía con demasiada quietud y atención, cabe destacar que la mayoría falleció, en la más pura tranquilidad e inmensidad del silencio que reina en dichos lugares, pero de eso no quiero hablar más. Todo comenzó a ennegrecerse.

Pasó el tiempo, gentes que se mudaban, gentes que llegaban, y ahí estábamos, sentados en la asolera, esperando a nadie, pero con un nuevo integrante que no avisó su llegada, nuestra querida Paz, era una persona en miniatura, de las mejores que pude conocer, de hecho jamás sentí atracción a comunicarme con niños y esas cosas de profesores y gente empática, pero ella era distinta, quizá porque era mi hija, quizás porque recordé luego de muchos años que soy humano, y que puedo sentir, amar y odiar. Y así el lazo, el cordón fue perdiendo su fuerza, sumado a agentes externos que poco ayudaron a unificar la comunicación, poco a poco fueron puliendo la piedra, la que nunca pensamos que podría derruirse.

Y así todo se apagó, como un cigarro que agoniza en cualquier cenicero de bar, con una interesante conversación; algo ya no andaba, los colores volvieron a ser grises, las palabras eran casi contadas con una mano las que salían de mi boca, y el asco al resto de las gentes volvía, esta vez con más fuerza que hace un par de años, ¿quizá esa es mi verdadera escencia como ser humano?, asocial por naturaleza, o algo no funciona bien en el centro de empatía en mi cabeza, vaya a saber quien! (quizás Daniel Goleman y su jodida Inteligencia Emocional, vaya mierda, sólo sirve para aborregarte un poco más y aceptar con el culo lavado las patadas que te da el resto)

Las canciones que solía escuchar en los tiempos dorados ya no me producían nada, a veces es jodido esto, pues te pones a pensar en todo el tiempo que desgastaste en lucir bien, en ser amable, en dar el paso, en ser cortés, en ser lo que el resto quiere que seas solo para agradar, vaya mierda, en cuantos amigos dejaste, pero ¿de que sirven las lágrimas ahora?

Sólo me queda recordar aquella callecita gris, que ahora es negra, con un nuevo asfalto, las mismas personas, que no saludan y ese aire de verano me hace apagar el cigarrillo, levantarme y echarme a andar.

Talvez algún día podamos volver a ser, lo que solíamos ser sin ser nada.

verano, 14'

jueves, 2 de mayo de 2013

Calle de muertos, época de muerte


Otra noche más, miro la hora sin susto, son las 2, gambeteo entre las aberturas que el tiempo ha dejado en estos viejos páramos donde la soledad ha derruido hasta el más duro asfalto y las cunetas, chuecas como haciendo ángulos de 45 grados hacia adelante albergan, en cuclillas amparados por la sombra nocturna, a las más extrañas criaturas que la sociedad hubiera podido vomitar; mientras yo, con un par de copas en el cuerpo, vuelvo del bar que ampara mis más profundos pensamientos y me hace sacar ese yo extraño pero cómico (bueno tragi-cómico) que solo suelo dar a conocer en ese antro, que por lo general lo frecuentan tipos solitarios y trabajadores alcohólicos sin mucha esperanza.

Volviendo al recuerdo, sigo el camino a mi hogar, a ese lugar tan pequeño y obsoleto, tan poco cuidado, como gritándome las vivencias y energías que he podido depositar en 22 años, de tiempos violentos, orgullo, de larguísimas tristezas, incluso algunas que aún no he podido olvidar, tiempos de gloria y también de  caídas, de las que, afortunadamente he podido sobrellevar y olvidar en viejos pasajes de mi memoria. Ese cuartucho, atiborrado de rayados de mi época de estudiante secundario; en donde vivía en un torbellino de experiencias, cada una superior a la otra, cada botella era de un licor más fuerte y cada droga se hacía menos blanda. Así cierro la puerta a duras penas, mirando un par de estrellas fosforecentes en mi techo, casi lo único en ese espacio que hace recordar mi infancia con nostalgia y un poco de felicidad; mirando a la niñez; ese momento tan inocente y a la vez tan acertado, en donde la mentira solo la decían los grandes y la verdad era tu única verdad. Hasta que de golpe despiertas.

Caigo sobre la cama, entre dormido y queriendo despertar, miro a la hora del reloj, ya son las 3, para mí la noche ya había empezado, pero debía terminar ahora, si no quería terminar con una rezaca de aquellas, o con un punzón atravezándome las tripas. En ese instante la conciencia deja mi cuerpo, y da paso a una vorágine de grises nubes en mi cerebro,  se adueña de mis pensamientos y de mis pesares, de mi felicidad y de todo cuanto la razón pueda sustentar. Entro en un estado de beligerancia entre lo que es real y lo que sólo es producto de mi imaginación, veo caras, paisajes, grises y blancos, gente que me mira con ojos grandes y oscuros, como muertos; animales extraños y personas que ya han sido parte, quiera o no de mi vida, edificios interminables y un sin fin de imágenes que solo puedo abstraer en ese instante. Todo es tan tranquilo, la epogé de mi vida está en este minuto, en este segundo en donde puedo tomar conciencia de ello y guardarlo en el archivador más fiable de mi ser.

Así termina otra noche, en la ruidosa capital, al oeste de la metrópoli, donde los olvidados son menos recordados a medida que los años los van envejeciendo, curtiendo y matando, de enfermedades, por alguna que otra sobredosis, o entre ellos, a puñaladas o disparos, ya da igual, el final será el mismo cada cierto tiempo, causa de la interminable violencia a la que día a día estamos expuestos. Somos muertos vivientes. Somos el presente de un futuro inexistente.

martes, 3 de abril de 2012

Ansiedad


Ansiedad, culpabilidad, arrepentimientos sin sentido ni objetivo, crisis, futuro, ya no hay tiempo para sentarse y decir: "esto puede esperar", ya todo esta tan cerca, muchas cosas ya he dejado atrás, otras las tengo frente a mí, intento e intento dejar un margen pero el tiempo pasa firme sin vacilar, no sirve perderse en el tiempo, ni escapar de lo que nos rodea, tal vez sea momento de dejar todo atrás, talvez sea la hora de afrontar, talvez todo sea venidero, o quizás sea mi peor decisión.

Los miedos se tornan cada vez más grises, nublando mis pensamientos, dejando poco espacio para razonar, para sonreír, aun asi camino firme, intentando no demostrar mi inseguridad, ante todo, ante todos. Los días pasan como horas, y las horas... bueno ya casi ni las siento.

Tiempo atrás todo era tan distinto (...) ¿donde quedaron esos atardeceres en las veredas? esas risas sin preocupaciones, tan reales, seguras, calidas. Quizas ya es momento de pensar como ellos, de actuar y vivir al ritmo de los demás, talvez así pueda mejorar. Talvez así pueda vivir... o, al menos, existir.

Un jovenzuelo jugándo a ser adulto, forzándose a vivir como uno más, pensando en un mismo futuro, una misma vida, quizas sea un cambio natural, incertidumbres caracteristicas de la edad, riesgos que hay que tomar.

Lo unico claro aca, es que hay que seguir, seguir viviendo como más a uno le acomode, sea muy simplista o de dificil entendimiento; y si, vendrán caminos escarpados y grandes penas, pero la mejor compañia es nuestro corazón, forzandonos a no caer, seguir nuestros propios objetivos, y que más da, mejor aun con la mejor compañia que un hombre pudiese tener...

Un día de Verano, donde todo solía fluir.

Porque te miro y muero


Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque la noche pase y yo te tenga
y no.

Mario Benedetti.

Amor de escapados


Nunca pensé que alguien como tu se fuese a fijar en alguien como yo, que alguien como tu no rechazara mis ideas, mi camino, mi forma de ser... algo viste en mi, aun me lo sigo preguntando, y siempre tendré esa interrogante rondando mi cabeza.

Esa sonrisa sin motivo alguno, o al menos eso creo, una tranquilidad inmensa inunda mi interior, matando todas las preocupaciones del día, mi anhelo, mi cielo, mi estrellita que brilla cada noche en lo alto del cielo, tantas noches, mirándola y pensando en ti... tantos suspiros.

Aquellas tazas de té, por julio - agosto, una notoria vergüenza y nerviosismo me atacaban, sin saber que hacer ni que decir, el temor a cagarla recién comenzando a conocerte, la incertidumbre, que hoy por hoy está en el tacho de la basura.

Los sueños, el amor, la pasión, el reencuentro, las despedidas, un beso húmedo a media noche, caminando por parque Bustamante sin preocuparse del día que viene, el tiempo, el dinero, los enemigos, nada de eso importa, solo por 5 minutos puedo olvidarme de todo y sentir como se llena cada espacio vacío de mi corazón, intentando hacer durar para siempre ese pequeño y corto momento, cada día, tu voz, tu olor, tu adiós, y un nuevo abrazo apretado, tal como si el día que viene te irás muy lejos.

Ya me conoces, ya te conozco, ya te amo.

Un caluroso día de Noviembre.